La libertad como muerte
Arrancad las semillas, fusilad a los niños. Es una novela que expone la condición humana sin eufemismos: Miseria, abandono y crueldad.
Oé cuenta la historia de un pueblo que ante una posible epidemia decide abandonar la región e irse a otro pueblo, dejando abandonados a quince chicos del reformatorio. Ellos se organizan precariamente e intentan sobrevivir.
Se lo ha comparado erróneamente con “El señor de las moscas” de William Golding. En la obra del ingles un grupo de chicos conservadores, y adaptados a las costumbres y reglas de la sociedad se vuelven salvajes al perder contacto con ésta. En la novela de Oé, un grupo de chicos son abandonados por una sociedad adulta y organizada, se podría afirmar que les sacan las reglas y costumbre. Estos chicos aprenden a vivir incluso mejor que cuando estaban los adultos. Y la llegada nuevamente de estos implica otra vez volver a su condición de rechazados como animales con la epidemia.
No pierden los valores, por el contrario, crean valores de la nada, la sociedad salvaje en la que viven los abandonó para que muriesen, junto con el miedo, la enfermedad, la podredumbre, y cuando se espera que vayan muriendo, crean valores. La muestra mas fehaciente de ello, es cuando el pueblo vuelve, y los chicos vuelven a perder los valores que ellos crearon.
Una va de la civilización a lo salvaje, y la otra de lo salvaje a la civilización.
Este enfoque resulta conveniente para mostrar como los humanos siempre son capaces de un poco mas de crueldad y miseria. Hay una crítica también a los que ven en la humanidad un valor mas alto o de cohesión. Esta novela demuestra que el concepto humanidad está vacío de contenido.
La situación geográfica, es igual que la vida que llevan los chicos abandonados. El mundo está en guerra, en el pueblo está la muerte, y a su vez en el encierro también lo está. Mientras pasan las páginas la sensación de asfixia se incrementa, parecería que el único lugar donde pueden ser libres es dentro de un cuarto cerrado y esa libertad se parece un poco a la muerte.
Tanto es así, que durante toda la novela (y en otras del mismo autor) hay observadores, como si a Oé no le alcanzara que el lector sea testigo de su relato, hay ojos mirando a los personajes principales, supongo yo que es para crear una sensación de mayor opresión, una constante vigilancia. El único momento en que no son observados, es el único momento en que se da una breve situación en que son felices.
Hay un constante juego entre enfermedad-sociedad y miedo-epidemia. Abundan los detalles escatológicos para dar cuenta de la condición de chicos y la imposibilidad de hacer un corte entre naturaleza y sociedad.
Datos:
Editorial: Anagrama
Colección: Panorama de narrativas
Paginas: 183
Escrito en: 1958


















